¿Por qué fotógrafa?

El Aramo y las primeras flores de la primavera. Oviedo, 2016

Es la pregunta inevitable en muchas conversaciones, sobre todo con gente que acabo de conocer. Lo que comenzó como un acto de rebeldía acabó convirtiéndose, quién me lo iba a decir, en mi profesión. La raíz de todo está en las salidas a la montaña de mi padre con esa Minolta, que igual que hacía fotos podría servir de martillo y ahí seguiría, sin romperse. Me traía en un carrete la crónica de su aventura, con aquellas montañas, alguna ranita o cualquier animalín que se encontró por el camino… Y aquella pequeña María empezó a pillarle el gusto a inmortalizar momentos.

Flores en el Cabo Peñas. 2016

Fui creciendo y mi imaginación no se quedó corta. Me encantaba inventarme cuentos, canciones, juegos… Abría un libro y con las imágenes creaba historias, así como cambiaba escenas y finales en cada película que veía. Y eso no era todo. La belleza no se escapaba a mis inocentes ojos desde muy temprana edad. Admirar unas bonitas flores podía fascinarme incluso hasta el llanto. Y es que lo que me transmitían me desbordaba.

Cabo Peñas. 2016

Descubrir, aprender e inventar historias ya no era suficiente. ¿De qué servían si no salían de mi cabeza? Quería contarlas, hacerlas llegar a otras personas y que las disfrutaran conmigo. Eso es para mí la fotografía. Por esto me hice fotógrafa. Quería contar al mundo historias a través de imágenes, llevar a otros la belleza que tengo la fortuna de poder presenciar, mostrar el mundo a través de mis ojos y parte de la esencia del mío, pues pongo el corazón en cada foto que hago.

Me tocó poner a prueba mi capacidad de contar historias mediante imágenes en el periódico La Nueva España durante algo más de un año. Una gran oportunidad para conocer lugares, acontecimientos y personas nuevas. Guardo tantos recuerdos… Toda una experiencia.

Se puede encontrar gran parte de mi trabajo en http://www.lne.es escribiendo María Gómez en el buscador. No cambiaría ni cambiaré por nada todas estas andanzas en el mundo de la fotografía, cada historia, cada sentimiento transmitido, cada lección, cada persona, cada persona que se quedaron inmortalizados a través de mi lente y en mi propia memoria.

Reportaje realizado en Cabo Noval. 2016. LNE

El portero del Real Oviedo Esteban sostiene a un bebé. San Mateo 2016. LNE

Concierto de Melendi en San Mateo. 2015. LNE

11 inicial de la Selección Española en el partido España-Eslovaquia. LNE

Liberación de aves recuperadas en el zoológico El Bosque. 2016. LNE

Captura de cerdos vietnamitas en La Malata, La Corredoria. 2016. LNE

Fiesta de la hoguera. Celorio. 2016. LNE

Fiestas de Santa Ana, Grao. 2016. LNE

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sí, soy una mujer. Sí, he viajado sola. Y me ha encantado

Museo Guggenheim, al fondo, Torre Iberdrola

Museo Guggenheim, al fondo, Torre Iberdrola

Te lo advierto: NECESITAS hacer esto alguna vez. Necesitas salir a la aventura, sol@, a buscarte la vida en un lugar desconocido, a depender única y exclusivamente de ti mism@. Olvídate de todo, de todos y por una vez sé puramente egoísta, porque te lo mereces. Hay algo que debes hacer, es muy importante y entre otras cosas, para eso haces este viaje: Haz lo que te dé la gana. Simplemente. No habrá nadie que te diga a qué hora tienes que levantarte para estar en tal o cual sitio, no tienes que ir a visitar a ese familiar que no ves en todo el año y que sinceramente, no tienes ninguna gana de ver. Eres libre y no hay nada que se pueda comparar con esa sensación.

Torres Isozaki

Torres Isozaki desde el puente Calatrava

Vas a descubrir facetas tuyas que desconocías y que no podías imaginar. Te verás solventando incidencias sin el más mínimo problema, decidiendo sin prisa lo que hacer mañana o dentro de cinco minutos, dejándote llevar por tu instinto por las calles sin mapa ni orientación. Créeme, necesitas esa inseguridad, sentirte en pelotas en un lugar desconocido, necesitas esa soledad e incluso llorar si sientes que debes hacerlo. Nadie te va a juzgar, estás tú ante ti. Aprovecha para escucharte, para ver qué te pide tu yo, tu ser más profundo y hazle caso. Olvida la razón y aprovecha para desaprender los mil topicazos que te han enseñado y los millones de miedos que te han ido metiendo desde tu más tierna infancia.

Puente Calatrava

Puente Calatrava

No te voy a mentir: No todo es de color de rosa. Se te hará duro sentirte tan sol@ y habrá momentos que sientas que no puedas más. Vívelo. Es la forma en que tu cuerpo y mente se rebelan ante una situación a la cual no estás acostumbrad@, que es estar a solas contigo por tanto tiempo. Enfádate, llora hasta secar tu cuerpo y por favor, no coartes ni uno solo de estos sentimientos, ya lo haces demasiado a menudo. Exprésate como lo haría un niño, con naturalidad, deja salir a tu yo infantil, ese que dejaste atrás hace años pero que nunca se ha ido del todo. No importa, nadie te conoce y lo que piensen no tiene importancia. Te lo llevo diciendo todo el rato: Vívelo. Haz lo que te dicte el corazón y sin expectativas.

Mi experiencia viajando sola a Bilbao ha sido maravillosa. Ya iba siendo hora de hacer este viaje, necesitaba dejar de aplazarlo y hacerme un

Puppy chulo, graffiti en un puente de la ría de camino al Guggenheim

Puppy chulo, graffiti en un puente de la ría de camino al Guggenheim

merecido homenaje. He reído, he vuelto a sonreír como una niña con juguete nuevo, he disfrutado, me he conocido un poco más, me he superado, he llorado de alegría y de pena, he temido, he cantado a todo pulmón, he sobrevivido, he añorado, he descubierto y en resumen… He volado.

Bilbao es una ciudad que se saborea desde el primer instante y es totalmente cierto que te enamora. Me he sentido como en casa, como si volviera a mi segundo hogar después de un largo tiempo fuera. Con poco dinero comes y te llenas, los rumores de que los pintxos de Bilbao son enormes es cierto. Al igual que los del carácter de su gente. Son súper majos, te ayudan si lo necesitas, se prestan a una conversación… Que habrá de todo, por supuesto, pero los que yo he tratado son como los he descrito.

Estadio San Mamés

Estadio San Mamés

No es para nada liosa, no te pierdes y aviso que yo me pierdo en una caja de zapatos y me he orientado hasta de noche. El poco tiempo que he estado ha sido como si llevara allí desde siempre, me daba la sensación de que ya lo conocía y caminaba con confianza. También influye el ir sola, que o te fijas… O te pierdes. Ten cuidado porque cuando tengas que irte vas a encontrar miles de distracciones que te harán alargar la salida… Porque no te querrás ir. Ya puedes añorar tu casa y tu gente que lo de marchar te va a costar lo suyo. Sentirás que una parte de ti se queda en Bilbao para siempre, una huella invisible que sólo tú ves.

Pongo fin a mi relato que me ha quedado bien largo. Por última vez me reitero: Vive esta experiencia, vete y marcha cuando tú quieras, disfrútalo y sé tú sin tapujos, sin prejuicios, sin ataduras. Sé libre.

 

Detalle de los dibujos del un túnel del Parque de Europa

Detalle de los dibujos del un túnel del Parque de Europa

Túnel en el Parque de Erupa

Túnel en el Parque de Erupa

La araña vista desde abajo

La araña vista desde abajo

Puente iluminado y su reflejo en la ría

Puente iluminado y su reflejo en la ría

Puppy y la torre de Iberdrola

Puppy y la torre de Iberdrola

Detalle del edifico situado en Hurtado de Amézaga kalea

Detalle del edifico situado en Hurtado de Amézaga kalea

Persona disfrazada en el exterior del Guggenheim

Persona disfrazada en el exterior del Guggenheim

 

La historia de Chuchú

2015-06-20 18.47.50Chuchú se cayó del nido un viernes a finales de Junio. Yo empezaba a trabajar en pocos días, pero no podía dejar a aquel pajarito que por demasiado intrépido se había alejado de la seguridad del hogar. “¡Cómo salta ese polluelo de rama en rama! Si no tiene cuidado, se caerá”. Pensaba yo mirando por la ventana al árbol donde anidan cada año. Y sucedió. Me avisaron y bajé a todo correr a rescatarlo. Con ayuda de un vecino del barrio lo sacamos del arbusto donde se había escondido y al son de sus gritos de auxilio lo llevé a casa. No tardó mucho tiempo en darse cuenta de que no le hacía daño y de que era quien le daba de comer.

Me sorprendía cada día con sus avances, apenas necesitó mi ayuda para aprender a volar, con ver mi dedo dando golpecitos en el comedero aprendió a alimentarse por sí misma… Sabía cuándo le traía comida al oír mi voz y la palabra característica: ¡Chuchu! Gracias a eso, y a que aprendió a imitar mi estornudo, le quedó el nombre de Chuchú.

Recuerdo lo nerviosa que estaba por esa doble responsabilidad que me llegó de golpe; por una parte el trabajo y por otra el polluelo que necesitaba mis cuidados. Pero no había nada mejor que llegar a casa, darle de comer, asearlo y ponerlo a dormir sobre mi regazo. Estaba tan mimado que algunas noches tenía que acunarlo para que se durmiera, porque lo que quería era dormir cerca de mí.

Pronto se convirtió en una joven urraca muy inquieta, más incluso que su madre postiza. Y con carácter, que mantenía a gatos y perros a raya sin “desplumarse”. Le encantaba revolotear y saltar de un lado a otro, poniéndose encima de mi hombro, cabeza, regazo… Sobre todo si había comida de por medio. No perdía la oportunidad de robar lo que tuviera al alcance del pico, las monedas y los billetes sobre todo. Lo escondía en su jaula o por detrás para que no lo encontrara y le arrebatara su tesoro. 
Siguió creciendo hasta que ya no podía seguir en casa debido a la falta de espacio. Llegó la hora de decirle ¡hasta la vista! a Chuchú. No sin lágrimas en

los ojos me despedí de ella y le deseé lo mejor. Me fui a trabajar asumiendo que cuando regresara, Chuchú ya no estaría. Durante mucho tiempo la eché en falta, pero el saber que estaba volando libre me consolaba. Y es que fueron tan buenas experiencias y enseñanzas… Que hasta la ausencia me sabía menos amarga. Gracias por todo Chuchú. Vuela libre, que esa es tu naturaleza y lo que mereces. Sé feliz, pero sin olvidar las raíces. De nuevo, gracias.

No puedo cerrar esta entrada sin expresar mi eterna gratitud a l@s chic@s del Zoológico El Bosque, que con tanta paciencia han ayudado a Chuchú y le han proporcionado lo que yo ya no podía. Sois geniales, amables, trabajadores, responsables y 100% amantes de los animales. Si hoy Chuchú es libre y feliz es gracias a vosotr@s. Mil gracias, nunca podré olvidar lo que habéis hecho y aún hacéis por ella.

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El camino

María G.A. Fotografía

Playa de Luanco. Febrero 2016 Playa de Luanco. Febrero 2016

Vista desde el bar Les Praeres, Nava. 2015 Vista desde el bar Les Praeres, Nava. 2015

Mirando al mar… Buscando respuestas a preguntas tan profundas como el mismo océano. Me preguntaba cómo sería ser cielo y poder ver todo y a todos desde ahí arriba. Cuando voy a la playa a meditar busco entre el romper de las olas y el olor a salitre el camino correcto. Siempre le pregunto si voy en la dirección acertada o si por el contrario voy contracorriente, que es como más me gusta ir aunque sea duro. O si el camino es justo ese, nadar a contracorriente porque es lo que me ha sido destinado y lo que yo he elegido.

Ir a la playa, a la montaña… Es como ver la realidad. La verdadera. Porque esa piedra, esa arena, ese agua tiene mucha más historia que yo, han visto a personas de numerosas épocas y algunas han…

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El camino

Playa de Luanco. Febrero 2016

Playa de Luanco. Febrero 2016

Vista desde el bar Les Praeres, Nava. 2015

Vista desde el bar Les Praeres, Nava. 2015

Mirando al mar… Buscando respuestas a preguntas tan profundas como el mismo océano. Me preguntaba cómo sería ser cielo y poder ver todo y a todos desde ahí arriba. Cuando voy a la playa a meditar busco entre el romper de las olas y el olor a salitre el camino correcto. Siempre le pregunto si voy en la dirección acertada o si por el contrario voy contracorriente, que es como más me gusta ir aunque sea duro. O si el camino es justo ese, nadar a contracorriente porque es lo que me ha sido destinado y lo que yo he elegido.

Ir a la playa, a la montaña… Es como ver la realidad. La verdadera. Porque esa piedra, esa arena, ese agua tiene mucha más historia que yo, han visto a personas de numerosas épocas y algunas han visto el mismo nacimiento de la vida, al menos hasta donde sabemos, quién sabe si habrá algo más. Es reconocer la pequeñez de nuestro ser en un universo infinito y sin embargo podemos hacer cosas tan grandes… Podemos hacer de un grano de arena una montaña con sólo una mirada, una sonrisa…  Lo más maravilloso de ver ese espectáculo es formar parte de él.

Así me recorro caminos, encontrando tesoros muchas veces sin buscarlos. Esas maravillosas vistas con las que me topo sin esperarlo, que me hacen sentirme afortunada y que me invitan a arriesgar. Los pequeños regalos que la naturaleza me hace, como cuando una mariposa vuela a mi alrededor y casi sin darme cuenta me descubro esbozando una sonrisa.

Cielo estrellado y montaña. Amieva 2015

Cielo estrellado y montaña. Amieva 2015

Subo a la cima de la montaña buscando ver más allá, tal vez de mis narices, tal vez de mis límites reales o imaginarios. Busco en las estrellas, en ese mural de luces al que llamo “el cielo de los deseos”, miguitas de pan que me guíen cuando no encuentro el norte. Ese cielo que me regala estrellas fugaces, invisibles a los ojos cegados por las farolas de la civilización que recuperan la visión al pisar esa, mi tierra. Busco en las olas del mar, lenguas de espuma y esmeralda por si me traen un mensaje o una caracola que me lo diga al oído. Tal vez me lo susurre el viento, o el aleteo de una mariposa o el mismo latido de mi corazón. Porque casi siempre buscamos fuera lo que llevamos dentro.

Vanessa atalanta. Oviedo 2015

Vanessa atalanta. Oviedo 2015

Tal vez no pueda evitar buscar esa pista fuera, porque amo tanto a la naturaleza que sin ella me sentiría totalmente vacía. Gracias a mi familia, que son los que me inculcaron ese amor desde que llegué a este caos de mundo.

Y es que al final, la vida es andar sin buscar… Para encontrar.

Verano en Luanco

Muelle en agosto. 2014

Muelle en agosto. 2014

Después de tanto tiempo de silencio y aprendizaje retomo este blog del cual no me he olvidado aunque en un principio lo parezca.

Algo que ya es tradición en mi vida es pasar el mes de agosto en Luanco. Y por increíble que pueda parecer, siempre me quejo cuando voy. Es una población que me gusta en cualquier época del año menos en verano. Cierto es que estos meses son los que le devuelven la vida y hacen despertar del letargo a la economía local. Pero algo falla. Soy una persona que odio la falta de transparencia, el “quiero aparentar lo que no soy por temor al qué dirán” y sobre todo el “te restriego por la cara que tengo mucha pasta”.

Se convierte en algo habitual ver a chavalitos estrenando el carnet en un cochazo que hace que tu mirada se pose en él cuando te rebasa como un bólido. El “corvette” me dejó a cuadros. Era el coche que me compraba en aquellos tiempos en que jugaba al Need for Speed, y ahí se quedaba la cosa porque no me atrevería ni a soñar que me lo compro en la vida real. Tampoco lo necesito, ojo. Para mí, todo coche es válido siempre que cumpla su cometido: Llevarte a los sitios manteniéndote lo más seguro posible.

Aquellos que me conocen bien saben que me cuesta comprender tanta opulencia, supongo que es porque viví gran parte de mi vida viendo a gente de ese estilo, que parece que sus señas de

Atardecer en la Punta de la Vaca. Agosto 2014

Atardecer en la Punta de la Vaca. Agosto 2014

identidad son sus posesiones y de hecho, lo eran. Para mí aquello era como un puzzle y yo era la pieza que no encajaba. Cuando se vayan, sus posesiones pasarán a ser la presa disputada por las aves carroñeras en las que nos convertimos cuando el dinero nos ciega. Y ahí se queda, porque te vas con lo que has sacado y te olvidas de lo demás. Lo que mantiene viva una parte de esa persona es la huella que ha dejado en nosotros, aquellas acciones que han sabido utilizar para mejorar nuestra vida en mayor o menor medida. Eso perdura, no se olvida, y por pequeña que sea la brasa tardará mucho en convertirse en ceniza.

Será porque siempre me gustó la sencillez y la humildad de la gente que sabe disfrutar de lo que tiene en cada momento y dando gracias por ello. Ellos sí que saben vivir la vida y es muy difícil volverlos desgraciados. Saben que el valor de cada uno está en la riqueza del alma.

Mi reflexión es que tengo mucha suerte. Puede no gustarme que en verano Luanco se convierta en “Pijolandia”, pero hay mucha gente que no puede irse de vacaciones. Soy terriblemente afortunada y tengo un lujo que estoy aprendiendo a apreciar.

Fotográficamente hablando, es un lujazo también. La prueba de ello son las imágenes que os muestro.

Aunque suene raro, dos pajaritos me dieron importantes lecciones. El primero, posado sobre un espino,me enseñó a aprender a transformar una dificultad en una utilidad y a no permitir que me haga daño. El segundo me enseñó a no hundir ni dañar aquello que me sirve de apoyo y sobre todo, a buscar un lugar donde descansar con una hermosa vista al mar 🙂

Bendita naturaleza y bendita vida, pues sólo formar parte de este espectáculo ya nos hace inmensamente afortunados.

Pájaro sobre un espino. Agosto 2014

Pájaro sobre un espino. Agosto 2014

Gorrión, verde y mar. Agosto 2014

Gorrión, verde y mar. Agosto 2014

 

 

 

 

 

 

 

 

Titanic de piedra hundiéndose. Agosto 2014

Titanic de piedra hundiéndose. Agosto 2014

La luna se mira en el espejo dela gua. Agosto 2014

La luna se mira en el espejo del agua. Agosto 2014

Aurora boreal versión asturiana. Agosto 2014

Aurora boreal versión asturiana. Agosto 2014

Redes. Agosto 2014

Redes. Agosto 2014

Mariposa libando. Agosto 2014

Mariposa libando. Agosto 2014

Mirada ecuestre. Agosto 2014

Mirada ecuestre. Agosto 2014

 

 

Algún día te alcanzaré, luna. Agosto 2014

Algún día te alcanzaré, luna. Agosto 2014

Calma después de la tormenta. Agosto 2014

Calma después de la tormenta. Agosto 2014

 

Caballo. Agosto 2014

Caballo. Agosto 2014

Árboles al atardecer. Agosto 2014

Árboles al atardecer. Agosto 2014

Un viaje por el Oriente de Asturias

 

Calzada romana. 2014

Calzada romana. 2014

Pocas palabras existen para describir la belleza de mi Asturias o al menos, yo aún las desconozco. He tenido la oportunidad de hacer otro viaje con mi gran amiga Ana por esta hermosa tierra en la que vivo. Recorrimos varios lugares de los concejos de Llanes y Cabrales, que me enamoraron todos y cada uno de ellos. Recorrí una calzada romana, tratando de imaginar cómo serían aquellas personas que la habían recorrido siglos atrás y cuáles serían sus historias. Encontramos una fuente natural de agua cristalina, un árbol de raíces profundas y enrevesadas que habían logrado salir de su prisión de tierra, un puente romano, la melodía de las hojas de los árboles danzando con el viento y los trinos de los pájaros que nos acompañaban durante nuestro recorrido.

Playa de Torimbia. 2014

Playa de Torimbia. 2014

Dejando la montaña nos fuimos al mar, donde encontramos la hermosa playa de Torimbia, un

regalo para los sentidos. No podría decir cuál es el color exacto de sus aguas, ya que se mezclan el verde de la esmeralda con el azul del zafiro en una perfecta armonía.

El cementerio de Niembro me dejó boquiabierta. No sólo por tener unas hermosas vistas y estar a primera línea del mar, sino porque cuando la marea está baja se puede ver el otro cementerio que pasa más desapercibido: el de los barcos. Aún más, algo que me sorprendió también fue el hecho de encontrar unas pequeñas amapolas que salían del muro del cementerio, como demostrando que la vida le puede a la muerte.

Esqueleto de un barco. 2014

Esqueleto de un barco. 2014

Ana me mostró el lugar donde se encuentra el esqueleto de un pequeño barco, muy parecido al de un gran pez. ¿Quién sabe de qué historias, paisajes, alegrías y tristezas habrán sido testigos estos viejos huesos ya olvidados?

Monasterio de San Antolín de Bedón. 2014

Monasterio de San Antolín de Bedón. 2014

En San Antolín de Bedón visitamos las ruinas de un Monasterio y de las casas de los señores “pudentes” de la época. No me ha gustado nada que hayan hecho pintadas en sus paredes exteriores y que para evitar desperfectos en su interior tuvieran que cerrarlo al público. La zona está rodeada de un paisaje verde en el que destaca un árbol justo al lado de las ruinas, totalmente desnudo y con un tono gris que recuerda mucho a la muerte. Donde el lugar ya es bastante mágico de por sí, lo hicieron aún más especial unos caballos que se encontraban pastando en la parte de atrás de las casas, como si fueran los caballos salvajes que antaño corrían libres por el monte.

Este viaje me ha permitido también conocer las historias de unas cuantas personas, como el pastor que nos encontramos en la calzada romana, la familia que lleva el restaurante de su ya anciana madre, el chico que emprendió el negocio de las fresas ecológicas en Llanes de Pría, o la chica que teniendo un doctorado se dedica a dar clases de música tradicional… Pequeñas historias que enriquecen nuestras vidas y que sirven de ejemplo.

De la tierra hacia el cielo. 2014

De la tierra hacia el cielo. 2014

 

 

 

 

 

 

 

 

Como siempre, dejo aquí el enlace al resto de las fotos: https://www.flickr.com/photos/123533817@N07/sets/72157645418083362/